Convirtamos nuestras casas en bellos hogares para reunir ilusiones, sueños y compartir inolvidables momentos en familia.

En una de las entrevistas que concedió el escritor y doctor en psicología, Javier Urra, a GuiaInfantil.com, hemos aprendido que vivir la Navidad en familia significa sobretodo dar y recibir cariño. La Navidad es un buen momento para la ternura, para meterse en la cocina con los niños, para charlar, cantar y bailar con ellos, contarles cuentos navideños, para fomentar tertulias largas y extendidas entre todos, para compartir e intercambiar regalos, libros, músicas, e incluso momentos de soledad o de ‘no hacer nada’.
En Navidad, dejemos de lado las incertidumbres, el pesimismo y las ideas negativas. Dejemos de lado los resentimientos, los problemas laborales, las adversidades, separaciones, y los centremos alrededor del positivo. El optimismo debe ser una obligación ética durante la Navidad, una renovación y un renacimiento de los pensamientos, de las actitudes y sentimientos.
Enseñemos a los niños, desde muy pequeños, a vivir la Navidad de una forma más espiritual, con alegría, con más sentido, lejos de la vorágine por conseguir el regalo perfecto. Los niños son felices cuando se sienten partícipes de una familia, en las tareas que implica la Navidad, como preparar la cena, envolver los regalos, preparar la mesa, elegir de qué van a jugar, qué canciones navideñas o villancicos van a cantar, decorar el árbol de Navidad…Lo ideal en una Navidad en familia, es revivir y redescubrir entre todos el verdadero motivo por el cual vivís la Navidad.